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He Criado Un Buen Hijo - Capitulo 3



 Sin saber lo que Abella pensaba, el niño no dejaba de sonreír y tenía un rostro radiante. 
 
Pero no era un gato o un perro, sino un lobo. Y criar un lobo que se convierte en humano sería aún más difícil.
 
—Además… si tengo un hijo, ¿algún día podré tener una cita?
 
—¡Todos me verán como una mujer casada!
 
—Después de todo, pensarán que es una tontería que no tenga pareja teniendo un niño.
 
Abella aún confundida, tomó una decisión.
 
Aún pensaba en abandonar al niño, pero Abella luchó por apartar de su cabeza ese pensamiento.
 
—Bebé, ¿puedes convertirte en un lobo de nuevo?
 
—¿Mamá?
 
—¡Lobo! ¡Pequeño! ¡Lobo! ¿Sí?
 
Abella intentó que se transformara en lobo haciéndole señas, pero el niño no pareció entender en absoluto. Todo lo que hizo fue inclinar su pequeña cabeza.
 
—Si quieres vivir en la montaña, debes convertirte en lobo…
 
Abella simplemente envolvió al niño con su ropa. Fuera lo que fuera, sentía que ya no debería estar involucrada con el niño.
 
—Sí, no debo preocuparme demasiado.
 
—Ahora tiene forma humana, pero si lo llevo a la montaña, podría convertirse en lobo por sí solo.
 
Abella pensó positivamente y sostuvo al niño en sus brazos.
 
—Por favor, por favor… 
 
Deseando que el niño regresara a ser lobo nuevamente, tomó al niño y salió de casa.
 
* * *
 
Abella subió apresuradamente la montaña para evitar la mirada de la gente y siguió un camino que solo ella conocía. El niño, sin saber a dónde iba, estaba en los brazos de Abella, sollozando una y otra vez.
 
Al entrar en las profundidades de las montañas, Abella llegó al lugar en donde vio por primera vez al lobo.
 
Se tomó un momento para recuperar el aliento y miró al niño en sus brazos. El niño todavía tenía la forma de un humano, no de un lobo.
 
—Vamos, bebé. Ahora vuelve a ser como eras. Aquí es donde solías vivir.
 
—¿Mamá?
 
Dejando al niño en el suelo, Abella dio un paso atrás.
 
—¡Mamá!
 
Entonces, tal vez sintiendo algo extraño, el niño movió sus pequeñas piernas hacia Abella y trató de acercarse a ella poco a poco. Al ver al niño así, Abella trazó una línea y exclamó.
 
—¡¡¡Yo, yo no soy tu verdadera madre!!!
 
Mientras decía esas palabras, el niño sorprendido parpadeó y sus ojos mostraban tristeza.
 
—Lo siento, pero ¿puedes vivir donde solías vivir? ¿Sí?
 
Abella no era más que un salvavidas, simplemente por tomar a un lobo que deambulaba por la muerte y salvar su vida. Sin embargo, se sintió incómoda porque algo en ella la hacía sentir que estaba abandonando a su hijo.
 
—Lo siento, no soy tu madre. Originalmente te encontré aquí.
 
¿Era solo para explicarle al niño o para fortalecer su propio corazón? Abella siguió hablando sin dudarlo.
 
—Vamos, conviértete en lobo. Tu verdadera madre seguramente te está buscando.
 
La expresión del niño comenzó a oscurecerse ante la actitud decisiva que lo apartó. Los ojos rojos brillantes siguieron a Abella, que dió un paso a la vez, tratando de dejarlo atrás.
 
Abella ya no miraba al niño a los ojos. Rápidamente desvió la mirada y se dió la vuelta.
 
—¡Lo siento! ¡Pero solías vivir aquí, así que estarás bien…! 
 
Con esas palabras, Abella corrió a toda prisa, dejando solo al niño en la montaña mientras el sol comenzaba a ponerse. No se detuvo a pesar de que le costaba respirar.
 
—Desde un principio, lo iba a enviar de vuelta a la montaña cuando se recuperara.
 
—No debo preocuparme demasiado. Estará bien. Simplemente hice lo que originalmente estaba destinado a hacer.
 
Pero para Abella era imposible entender porque sentía que algo la apuñalaba en el pecho.
 
Sin embargo, no era posible criar a un niño lobo de origen desconocido en la humilde y no muy grande casa de Abella.
 
Porque no tenía sentido en realidad.
 
* * *
 
Tan pronto como Abella llegó a casa, el sol se había puesto por completo y gotas de lluvia comenzaron a caer.
 
Las gotas de lluvia, que parecían caer poco a poco, se hicieron más fuertes a medida que llegaba la noche oscura. Hubo truenos y relámpagos, parecía que el cielo se caería.
 
Abella miró fijamente a través de la ventana y su corazón latió con fuerza al recordar al niño que había dejado en la montaña.
 
—¿Se habrá protegido de la lluvia?
 
—¿Habrá vuelto a su forma de lobo?
 
Aunque Abella trataba de borrar el pensamiento del niño de su cabeza, no podía. Debido a su actitud decidida el pequeño lobo, ni siquiera pudo seguirla, y ella todavía no podía olvidar la última imagen de él viéndola alejarse, por lo que no podía mantenerse tranquila.
 
—No, no me importa.
 
—Solías vivir allí. Todo lo que tenía que hacer era traerlo y curar sus heridas.
 
Abella apretó los puños con fuerza, tratando de calmar su corazón punzante.
 
—No se porque me preocupa, no hay nada que pueda hacer por él, ¿cierto?
 
Criar a un hijo no es tarea fácil… Y criar un perro o un gato tampoco es sencillo, pero un niño lobo…
 
—El dinero… pero el matrimonio también es un problema. Si tengo hijos, ni siquiera podré casarme. ¡Quién demonios querría salir con una mujer que tiene un hijo!
 
Pensamientos realistas pasaron por su mente, pero la culpa todavía le pesaba. La fuerte lluvia la hizo sentir aún más incómoda. A medida que la lluvia se hizo más fuerte, el rostro de Abella se oscureció.
 
—¿Debería haberlo reportado…?
 
Sin embargo, enviar al niño con la policía no necesariamente sería seguro…
 
Nacida y criada en un orfanato, Abella sabía que la situación allí no era muy buena. Además, había escuchado que hay casos en los que los niños son arrastrados al campo de batalla como soldados si no tienen suerte. Naturalmente, la seguridad del niño no puede garantizarse en un lugar así.
 
Abella deambulaba por la habitación con la mente confusa y sin saber qué hacer. Luego, cuando se sentó en la cama, le llamó la atención el pelaje oscuro del lobo que quedaba en la manta blanca.
 
Cuando lo vió, la hizo sentir más tranquila.
 
—Estará bien…
 
—Originalmente era un niño en las montañas, ¿no es así? Así que estoy segura de que estará bien…
 
Abella trató de olvidar todo y se cubrió con la manta. Ya no había ningún lobo acostado a su lado. Después de sólo unas pocas semanas juntos, se sentía vacía y sola.
 
El tiempo que pasaron juntos fue por mucho un mes… Pero el lugar que era su hogar, ahora se sentía vacío. 
 
La expresión de Abella se ensombreció.
 
—De Verdad… ¿Está realmente bien…? 
 
—Aunque era un niño que vivía en la montaña, cuando pienso en cómo fue herido y colapsó sin sus padres…
 
—Ni siquiera es un adulto, todavía es un niño…
 
Abella se mordió los labios, incapaz de ocultar su nerviosismo. Si no hacía eso, parecía que no podría calmar su corazón ansioso, así que los siguió mordiendo hasta que sangró, se detuvo solo después de que pudo sentir el sabor de la sangre en la punta de su lengua.
 
Entonces, de repente, vió la carne que compró para dársela al lobo cuando regresara del trabajo.
 
Cuando la vió, su corazón dio un vuelco.
 
—¡No está bien…! 
 
—No importa que sea un lobo, ¡no hay forma de que pueda sobrevivir cazando solo en las montañas sin sus padres!
 
Su cuerpo se entumeció. Después de todo, dejar al niño solo en la montaña era como decirle que muriera.
 
—¿Qué pasará si se moja con la lluvia y muere de hipotermia? Incluso si sobreviviera por la lluvia, después moriría con un cuerpo tan pequeño. 
 
—¡Debo haber estado loca, ese niño… Solo en la montaña…!
 
Incluso si no podría criarlo por el resto de su vida, pensó que debería traerlo a casa primero. 
 
—Prefiero esperar hasta que el niño crezca… No, al menos pienso que sería mejor entregárselo a la policía.
 
Después de pensar por un tiempo, Abella se levantó de pronto de su asiento.
 
La montaña estaba oscura porque el sol se había puesto. Aunque la lluvia pudo haber sido peligrosa, Abella puso una vela en una botella de vidrio y salió corriendo de la casa apresuradamente.
 
Afortunadamente, era una montaña que había estado subiendo y bajando durante años, por lo que, aunque era de noche, es como si el camino estuviera iluminado. Gracias a esto, Abella pudo llegar al lugar donde había dejado al niño sin mucha dificultad.
 
No dejó de buscar al niño a través de la fuerte lluvia y pisoteando la tierra densamente adherida.
 
Sin embargo, fue difícil debido a la lluvia constante.
 
—¡Bebé, bebé! 
 
Abella levantó la voz, pero se perdía a través del fuerte sonido de la lluvia. Sin embargo, Abella no se detuvo, cavó entre las enredaderas húmedas y miró a su alrededor.
 
Sin embargo, no importó cuánto miró a su alrededor, el niño no estaba por ningún lado.
 
* * *

He Criado Un Buen Hijo